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José Luis Oreiro, economista y profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, cree que la situación de la economía brasileña es frágil, pero que eso no significa en modo alguno que vaya a ocurrir un desastre. Presidente de la Asociación Keynesiana Brasileña, entiende también que se llegó a un fin en las políticas distributivas y que es preciso un aumento de la productividad.
¿Hay aun margen para las políticas distributivas?
La política distributiva de Lula y Dilma fue exitosa realmente. Pero está en el límite. Sacó millones de personas de la pobreza extrema. Lo que podía hacerse se hizo. Hacia adelante, para mejorar la situación solo se podrá realizar con un gran esfuerzo en la educación y con políticas de crecimiento, que aumenten la productividad laboral, que está estancada hace 3 años. Hay un abismo educativo entre las élites brasileñas, con una educación del primer mundo, y el resto de la sociedad con un nivel muy bajo.
¿Prevé complicaciones en 2014 y 2015?
No, no. Este año, a no ser que se produzca un fenómeno de tempestad perfecta, la inflación no será de más de 6 por ciento y un crecimiento en torno a 2 por ciento. No estamos en el mejor de los mundos, pero la tasa de desempleo es baja y, todo lo que da sensación de bienestar favorecerá la reelección de Dilma Rousseff (en octubre).
¿Por qué es tan bajo el crecimiento de la economía brasileña?
Responde a factores estructurales, pero también a la política económica. Hubo una segunda ola de desindustrialización a partir de 2004, con el segundo gobierno de Lula. Eso se observa con la participación de la industria en el PBI, 24% en 2004 y apenas 13% el año pasado. Durante los 8 años de su gobierno, la economía creció en promedio 4% por condiciones domésticas e internacionales. Lula heredó 12% de desempleo y una elevada capacidad ociosa. Eso facilitó que el PT pudiera ampliar la demanda y crecer. También ayudó la devaluación del real en 2002, que produjo un extraordinario aumento de las exportaciones, y a eso se sumó el hecho que Brasil atravesaba una situación extraordinaria internacional que permitió una política distributiva sin problemas fiscales. A ese crecimiento siguió una desindustrialización y Brasil se transformó en una economía de servicios, perdió dinamismo y no hubo casi aumento de la productividad. Para 2015 se deberán corregir los rumbos fiscales y las cuentas públicas. Si gana un opositor, el ajuste será mayor.
Para usted ¿cuál sería la gran diferencia con Argentina?
Hasta 2005, las políticas económicas fueron semejantes. Hubo crecimiento sin abandonar el modelo exportador. De allí en adelante la sobrevalorización cambiaria argentina empezó a ejercer efectos negativos. Pero hay una diferencia nítida: en la Argentina fue mucho mayor el desarreglo fiscal y monetario. En el gobierno de Rousseff no se perdió la racionalidad ni de las políticas fiscales ni tampoco las monetarias.
¿El Mundial de fútbol representa gastos excesivos para las cuentas brasileñas?
–No, no. De ninguna manera. Los gastos del mundial no van a traer ningún tipo de problemas.
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