Vejam em http://spanish.china.org.cn/international/txt/2009-09/22/content_18572496.htm.

 

En vísperas de la reunión del G-20 a realizarse al final de esta semana en Pittsburgh, Estados Unidos, el mundo aguarda con expectativa el balance que los líderes mundiales harán de un año de crisis económica global y de las medidas tomadas para impulsar la recuperación.

En entrevista con Xinhua, el profesor José Luis Oreiro, del Departamento de Economía de la Universidad de Brasilia (Unb), consideró que la recuperación mundial debe ser lenta y que aún falta avanzar en la regulación de los mercados financieros para evitar una nueva crisis financiera.

Oreiro trazó dos escenarios posibles a su criterio de la evolución de la economía mundial, uno en el que se recupera lentamente sin volver al nivel anterior, que según él tendría 60 por ciento de posibilidad de ocurrir, y un segundo en el que habría una “doble inmersión” en la crisis.

Sobre las medidas tomadas por los gobiernos, tanto a nivel monetario como fiscal, consideró que fueron capaces de evitar una catástrofe, que sería el inicio de una depresión.

“Estados Unidos por medio del Federal Reserve inyectó una cantidad astronómica de dinero en la economía –para tener una idea, el balance del FED a fines de 2007 decía que el valor de sus activos fue de 900.000 millones de dólares, y a fines de 2008 había aumentado a cerca de 3 billones de dólares.Básicamente esa valorización de activos fue financiada por un aumento de la base monetaria”, dijo.

Por un lado hubo, entonces, una gran inyección de moneda en la economía, y por otro, paquetes de estímulo fiscal bastante considerable en Estados Unidos, en Europa, en Japón y en China.

“La recuperación parcial de las economías desarrolladas en estos últimos 12 meses no tiene nada de sorprendente. Fue la mayor intervención del Estado en la economía en tiempos de paz, con aumento significativo de los gastos gubernamentales y reducción de impuestos, y esquemas de rescate de bancos quebrados tanto en EEUU como en Europa”, señaló.

Sobre si la recuperación dará lugar a un crecimiento consistente, existen “muchas dudas en el aire”, puesto que el padrón de los desequilibrios globales que generó esta crisis también contribuye para que el período pos-crisis sea un período de crecimiento muy bajo.

“Frente a la crisis financiera los consumidores norteamericanos están haciendo un ajuste violento en la relación entre el ahorro y el endeudamiento. El ahorro de las familias que era próximo de cero antes de esta crisis ya camina para llegar a 10 por ciento de la renta familiar. Entonces hay un ajuste ahí bastante significativo, con una reducción de la demanda”, explicó.

Para él, el período pos-crisis, en los próximos 5 a 10 años, debe ser de un crecimiento significativamente inferior a lo observado en los últimos 15 años, aunque no se descarta lo que los economistas llaman una “doble inmersión”, con una nueva caída.

Existen incluso algunas evidencias de que podrían estar creándose nuevas burbujas especulativas en el mundo en función del exceso de liquidez producido por la expansión monetaria norteamericana.

“Si una burbuja explota, es posible que tengamos nuevos problemas en el sistema financiero que llevarían entonces a una nueva contracción del crédito y a una nueva caída en la producción industrial. Ahí sería un contexto en que el instrumento fiscal fue utilizado casi hasta el límite”, evaluó.

En ese escenario de “doble inmersión” la crisis sería muy larga, profunda y sólo sería resuelta con la constitución de un nuevo orden económico internacional, que no se puede prever cómo sería.

Oreiro subrayó también que la regulación de los mercados financieros avanzó muy poco este año básicamente porque no es de interés de EEUU e Inglaterra y de sus mercados financieros.

El peso del sector de servicios financieros en una economía como la inglesa es muy alto, el 14 por ciento del PIB de Inglaterra son servicios financieros. Aunque en EEUU sea un poco menor, también es un sector importante, de manera que el lobby del sector financiero entre los congresistas americanos e ingleses está impidiendo ese tipo de cosas.

El profesor llamó la atención sobre el hecho de que las propuestas más “radicales” de regulación están partiendo de Francia, donde aún el sector industrial tiene un peso grande y parte del sistema financiero es estatal.

Con relación a la economía brasileña, Oreiro la considera un poco más blindada, pero todavía muy dependiente de la ventas de materias primas, que representan 60 por ciento de sus exportaciones.

“En la hipótesis de una ‘doble inmersión’ en el mercado internacional, tendríamos una reducción muy significativa de las exportaciones. En ese caso, Brasil podría tener serias problemas de déficit de cuenta corriente, que no sería financiable y podría estrangular el crecimiento de la economía”, dijo.

Para enfrentar esa posibilidad, sugirió que el país retome un modelo nacional de desarrollo similar al practicado a partir de la crisis del 30.

“La experiencia brasileña de la época muestra que precisamente frente a ese estrangulamiento externo es que comenzó el proceso de sustitución de importaciones que marcó el desarrollo de la economía brasileña por 50 años”, dijo.

A partir de los años 90, resaltó el profesor, el país viene practicando un crecimiento basado en el ahorro externo, es decir, con la apreciación de la moneda, lo que ayuda a controlar la inflación pero al mismo tiempo desindustrializa y endeuda el país en el exterior.

“Para enfrentar la restricción externa, deberíamos cambiar la pauta de exportaciones con productos de mayor valor agregado, adoptar una política de cambio competitivo y tal vez alguna medida de control de capitales”, indicó

Anúncios